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Comprender y Manejar el Miedo a la Soledad

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Artículo elaborado específicamente para la página de facebook: https://www.facebook.com/personasqueamandemasiado/?fref=nf
El miedo a la soledad es un temor muy habitual en nuestros días, con consecuencias a menudo nefastas para nuestro bienestar, por ejemplo puede conseguir que adoptemos un comportamiento permisivo e inclusive sumiso, olvidándonos de poner límites y tal vez ni siquiera logremos estar en buena compañía.
“La soledad que sientes con otra persona, la persona equivocada, es la más solitaria de todas”. Deb Caletti.
El resultado de todo este miedo puede derivar en dependencia emocional o codependencia y uno de los caminos es aprender a estar en soledad, a hacer las cosas de manera independiente, a caerse cuando toca y a pedir ayuda cuando es necesario; no vivir en los extremos; obtener un equilibrio que nos haga estar en sintonía, sintiendo bienestar y orgullo, manejando el miedo que puede provocarnos anticipar circunstancias irreales.
El temor a la soledad se puede observar en la aceptación de chantajes emocionales con tal de que la relación con la persona que corresponda no flaquee o no se rompa, implica que la base de nuestra felicidad aparente esté asentada en la felicidad ajena olvidando por completo nuestras necesidades, ya que en estas circunstancias nuestro fin primero es no sentir la soledad a toda costa. Puede incluso que dejemos de hacer aquellas cosas que nos entusiasman o simplemente nos agradan si afecta de algún modo al objeto de nuestra atención, amor, compañía. Puede resultar en situaciones de maltrato; humillaciones, vejaciones, prohibiciones, aislamiento, maltrato físico; quedándonos en relaciones destructivas porque pensamos; y si lo pensamos lo sentimos; que la soledad es peor en estos casos que estar en mala compañía. Nos afectarán muchísimo las opiniones de las demás personas,tendremos la necesidad de complacerles constantemente para ser felices. Es una utopía hipotecar nuestro bienestar en base al bienestar u opiniones ajenas, estar expectante a la opinión de quienes tienen temperamentos e historias diferentes a las nuestras; es imposible que todo el mundo hable bien de ti , esto al no verse cumplido sólo genera frustración.
Hay que trabajar aquí la autoestima. Aprender a estar contigo mismo/a. A aceptarnos con nuestros pros y contras. A valorar nuestros fracasos y reconocer nuestros éxitos dentro de nuestra propia evolución sin compararnos. Cuando nos abracemos, amemos, aceptemos, podremos perder el miedo a la soledad y estar en compañía sin abandonar nuestra libertad.
El sentimiento de soledad es absolutamente algo subjetivo, especialmente cuando se trata de la soledad emocional, también existe la soledad social que es algo que se puede valorar de manera más objetiva en el caso de personas que carecen de redes sociales o éstas son superficiales, ya que hay que distinguir el aislamiento social por decisión propia debido a los motivos que sean, del sentimiento de soledad. El punto importante para valorar esto y que haya que trabajarlo es el sentimiento subjetivo de angustia y tristeza que genera y que se vive generalmente de modo intenso con ansiedad y depresión.
Somos seres sociales y esto lo demuestra el conocido estudio de Harlye Harlow “La madre de alambre” sobre el apego, y la necesidad que tenemos de afiliación que ya Maslow señalaba en su pirámide justo después de las necesidades básicas. Todo esto yo lo definiría a grosso modo como que somos seres sociales para trabajar en equipo pero también necesitamos hacer parte de investigación de manera individual para luego realizar una puesta en común y que el resultado sea exitoso. Desde que nacemos, estamos en el seno de una familia del tipo que sea, nos relacionamos después con iguales y vamos creciendo aumentando relaciones, perfilándolas y demás, pero si tenemos la capacidad de ir y venir y de que las demás personas se vayan y vuelvan, siendo libres, independientes siempre con respeto y permitiendo ser, lograremos relaciones satisfactorias, no perfectas, pero si suficientemente buenas.
La manera en la que se ha desarrollado nuestro apego es fundamental para entender estos temores que tenemos y el cómo nos relacionamos. Según Bowlby y Mary Ainsowth, los grandes teóricos del apego, existen distintos tipos de apego, a saber:
1. Apego seguro: El padre y la madre tienen una actitud atenta, dan afecto, y el/la menor cuando estas figuras de apego se van, se torna ansioso pero cuando regresan se tranquiliza. Estas personas en su adultez son personas tranquilas, seguras, confiadas, felices y con relaciones generalmente estables.
2. Apego inseguro-evitativo: En este estilo de apego el padre y la madre tienen una actitud indiferente, pasiva o negligente. En su adultez estos/as menores suelen ser pesimistas y no confiar en las relaciones.
3. Apego inseguro ambivalente: Las figuras de apego aquí son inconsistentes e incoherentes, a veces hacen caso y otras no, generando un miedo en el/la menor de quedarse a solas, abandonado/a además un control ansioso sobre la actitud de las personas cuidadoras cuando crecen pueden llegar a mostrarse con ansiedad, dependencia y celotipia o celos y vivir relaciones destructivas.
Estudiaremos el apego más detenidamente cuando hablemos de la familia próximamente, pero me ha parecido importante señalarlo aquí ya que es fundamental para comprender cómo formamos los vínculos y cómo nos comportamos en pareja y por ende también con amistades.
Cuando buscamos estar en soledad para poder entendernos mejor, podremos saber qué camino seguir en las vicisitudes que nos presenta la vida, pero ciertamente cuando optamos conscientemente por ello, no sentimos el malestar. No obstante, todos/as hemos experimentado esa desagradable sensación más de una vez, empezando por la niñez cuando nos separábamos de nuestros padres y madres, continuando cuando sentíamos incomprensión en la adolescencia, hasta la adultez al experimentar un momento difícil en el que no hayamos percibido apoyo que necesitábamos o tal vez nos faltó el abrazo de algún ser querido.
Es importante el equilibrio entre la soledad elegida, para profundizar en nuestro yo y estar con otras personas vinculadas, como seres sociales estos nos satisface, retroalimenta y da energía. A veces la soledad no es elegida pero podemos usarla en nuestro beneficio y tener presente que se trata de una cuestión temporal y que con algo de esfuerzo podemos invertirla.
Habitualmente el miedo a quedarnos en soledad es irracional si nos centramos en la vida que tenemos, en la familia de la que formamos parte, en las amistades o contactos que nos rodean, o si por circunstancias varias es una realidad, si nos abrimos, tomamos iniciativa de conocer gente y profundizar en relaciones, si escuchamos y nos damos la licencia de ser escuchados/as, y exponemos que nos sucede, o preguntamos a personas de nuestro círculo cómo están, obtendremos respuestas, compañía y generaremos vínculos apaciguando ese sentimiento desolador.
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Amar demasiado, es demasiado común

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Esta es una entrada que realicé para la Página de Facebook “Personas que Aman Demasiado”, a la que os podéis  suscribir si lo deseáis, donde también compartiremos información sobre los talleres relacionados:

AMAR DEMASIADO, ES DEMASIADO COMÚN

Si crees que el amor lo justifica todo y que amar y estar con alguien es tu principal fuente de realización, el amor se convierte en una obsesión y no serás capaz de vivir sin él, ni de renunciar a él, o a tu pareja, cuando debas hacerlo. Aunque el miedo y el apego te bloqueen la mente y ablanden tu corazón, no importa cuánto te amen, sino cómo lo hagan.

Walter Riso

A veces cuando leemos y leemos y escribimos y escribimos y trabajamos terapéuticamente, perdemos un poco la perspectiva de la sabiduría de las personas, de lo que es el día a día, de lo que se aprende escuchando experiencias ajenas si necesidad de estar formados en nada más que en la Escuela de La Vida.
Por ello he pedido a contactos míos, colegas, amigos, conocidos, familiares, que me expongan de manera anónima y voluntaria, qué es para ellos Amar demasiado, o cuando lo han vivido.

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