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La ira…expresión, utilidad y límites

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Publicado previamente en la página de facebook de Personas que Aman Demasiado

¿Alguna vez has reprimido tu ira?, ¿alguna vez has sentido enojo pero te has callado por no molestar? ¿O sin embargo de repente has explotado por acumular tanto y la expresión de ella ha sido tan inadecuada que las consecuencias aún han sido peores y la culpabilidad se ha instaurado en ti?
Sentimos ira cuando nuestro sistema biológico responde ante una amenaza, segregamos adrenalina y noradrenalina, que son neurotransmisores que nos activan para luchar. Es una respuesta defensiva. Es una emoción innata presente en casi todas las especies. Es una respuesta del organismo que surge en cuanto nos vemos bloqueados para la consecución de un objetivo, o derivado de algo que nos produce insatisfacción.
La ira es adaptativa, posee funciones necesarias como por ejemplo, la protección de nosotros mismos, de nuestra familia, entorno, principios, valores, creencias, cuando sentimos algunos de estos aspectos atacados es probable que desencadenemos el proceso de ira. La ira puede ser tanto extremadamente perjudicial, como positiva; en el sentido positivo se debe a la energía que consigue que tengamos para regular nuestro estado y conseguir nuestros objetivos.
La ira reprimida puede ser causante de muchas cuestiones negativas e incluso puede tener consecuencias en la salud. Dolor de cabeza, de estómago o dolencias más graves y crónicas, lo más investigado en cuanto a su relación son los problemas cardiovasculares. Evidentemente también tiene consecuencias emocionales como la ansiedad o depresión (también pueden ser causas), e incluso conductuales, por ejemplo ejercer daño sobre otra persona y puede mermar evidentemente tus relaciones sociales, pues a nadie nos gusta sentir los efectos de la ira cuando ésta no se ha expresado adecuadamente, pudiendo provocar además un círculo vicioso.
“Aprende a convertir el enojo que destruye en enojo que resuelve” Noberto Levy
Enojo, ira, odio. Son distintos grados de la misma emoción.
El Resentimiento y rencor, surge cuando está toda esta emoción negativa y dañina enquistada, latente en nosotros, pudiendo llegar a saltar en cualquier momento o provocar una actitud de venganza; cruda opción llena de rencor, distorsión absoluta del enojo. Que a la hora de la verdad no soluciona nada y se centra en hacer daño al prójimo para que sufra más de lo que uno ha sufrido a poder ser, si no, resultaría insatisfactorio.
“Vengándose, uno se iguala a su enemigo; perdonándolo, se muestra superior a él.”
Sir Francis Bacon (1561-1626) Filósofo y estadista británico.
Como vemos el enojo “ciega”, nos ciega en el sentido de recurrir a los medios adecuados para afrontar una situación, si sabemos manejar esto, que podemos hacerlo mediante respiración y relajación para obtener calma podremos dar unos pasos más asertivos para llegar a soluciones satisfactorias.
Si aceptamos las cosas tal y como son, si dejamos pasar el sentimiento de frustración, y comprendemos, tal vez tengamos que vivir algo más de tiempos frustrados pero no enojados.
Estas frustraciones que derivan en enojo… ¿qué nos quieren decir?, ¿qué tenemos que aprender de nosotros mismos durante el proceso?, ¿Qué utilidad tiene mi enojo?, ¿voy con una predisposición a enojarme, a encontrar enemigos y por tanto a mantener una actitud desafiante?. Es importante comprendernos, saber qué lo provoca y conocer nuestra manera habitual de reaccionar para entrenarnos en disminuir la intensidad de la emoción que nos causa malestar, para tener una expresión adecuada de la ira siendo asertivos, y para minimizar los daños colaterales.
Quiero comentar aquí un ejemplo de Reino animal, leído en el libro “La Sabiduría de Las Emociones” de Norton Levy. Cuenta que por ejemplo la expresión de la ira en los lobos es tremendamente adaptativa ya que evolutivamente han conseguido ritualizarla de tal modo que cuando hay una confrontación entre dos lobos de la manada se enfrentan en una lucha pero ninguno muere, si acaso se va de la manada o el ganador termina siendo el lobo “alfa”; dependiendo de la disputa; pero sin embargo cuando dos pájaros entran en un conflicto; y surge el mecanismo de la ira; este enfrentamiento acaba en la muerte de uno de los dos, ya que no están acostumbrados a manejar este tipo de situaciones, lo que quiere decir todo esto es que es necesario el entrenamiento para tener una respuesta asertiva de la ira.
“Si a cada niño de ocho años de este planeta le enseñásemos meditación eliminaríamos la violencia del mundo en una generación.” Dalai Lama
Para comprender mejor la ira es necesario reconocer que tiene relación con el miedo, que normalmente es una respuesta previa. Hay que ver qué miedo hay detrás de mis reacciones de ira. Por ejemplo cuando me enojo porque alguien me dice cómo debo trabajar sin haberle preguntado, tal vez el miedo detrás de mi reacción es que realmente piense que hago un mal trabajo, o que lo piense mi jefe o que me puedan despedir. En el momento que reconocemos el miedo, entenderemos aún mejor lo que nos sucede y nuestras reacciones.
Tendemos con frecuencia a ver la ira en el sentido de un todo o nada, o me lo callo todo o exploto, pero en realidad esa explosión la mayoría de los casos deriva de callar, aguantar y de ir llenando el recipiente de odio, negatividad, etc.“La graduación de la reacción es una conquista evolutiva que es, a su vez, producto de la ejercitación”.
Hay que diferenciar entre la necesidad de descargar nuestra ira, del impulso de ataque hacia otra persona, son cosas distintas.
Para descargar, tenemos que descubrir nuestra propia técnica, a mí me funciona pasear, nadar y escribir, en sesión invito a tirar cojines o a gritar, hay quien hace boxeo, cuando descargamos saludablemente, vemos las cosas con más claridad y sentimos el cuerpo más relajado.
También tenemos derecho a tomarnos el tiempo para expresar lo que necesitamos, pues cuando un acontecimiento nos afecta y actuamos de manera impulsiva podemos decir y hacer cosas de las que luego nos arrepentiremos, incluso tenemos derecho a pedir ese período de tiempo fuera para canalizar esta energía negativa y luego hablarlo cuando se crea conveniente.
Cuando expresamos de manera objetiva y asertiva nuestro enojo hacia la persona que lo ha provocado intentando no enjuiciar, esta persona podrá comprender y cambiar la actitud que nos molesta para mejorar la relación, sin embargo si creemos que “no merece” saber lo que nos molesta, porque es un gusto para ella hacernos daño o porque supuestamente ella tendría que haberse dado cuenta por sí solita, o porque creemos que al reconocer nuestro dolor somos débiles, conseguiremos enquistar ese enfado que puede terminar convirtiéndose en rencor y en todo lo que conlleva la no expresión adecuada de la ira, como ya hemos mencionado previamente, por ejemplo trastornos musculares, cardiovasculares, etc.
Es conveniente saber poner límites y autoafirmarse.
En conclusión; la ira es adaptativa pero hasta cierto punto, necesitamos conocernos, comprendernos y reconocer nuestros miedos y frustraciones para afrontar las situaciones de manera asertiva , dándonos nuestro tiempo y practicar si es necesario. Y si añadimos meditación (o lo que nos sirva) a nuestro día a día conseguiremos prevenir emociones exageradas y respuestas inadecuadas.
Referencias bibliográficas:
Mira y López, E. “Cuatro Gigantes del Alma”Lidiun. Buenos Aires
Norberto Levy, “La sabiduría de las emociones” (2010) De Bolsillo. Barcelona